Maternidad y deporte, ¡ellas sí que son súper mamás!

El ciclismo es muy celoso, dicen. Para triunfar en él, se requieren horas y horas. Prácticamente es un estilo de vida, buscas la manera de acomodar tus actividades para poder dedicarle el tiempo necesario. Llevas horarios y una dieta estrictos. Hasta ahí, vamos ‘bien’ pero… y si eres mujer y quieres tener un hijo. ¿Se puede? ¿Es fácil? ¿O de plano hay que abandonar?

“No es sencillo, me estoy adaptando a mi nueva vida pero estoy muy feliz de ser mamá, es una experiencia que no cambiaría por nada del mundo”, platica Erika Varela, que este 10 de mayo festejó su primer año en su nueva ‘profesión’ como mamá.

Erika es pedalista del equipo de ruta femenil Durango Specialized, tiene 25 años, y hace cuatro meses se convirtió en mamá.

Erika ama su nuevo papel como mamá pero nunca pensó en dejar el ciclismo. Ahora quiere recuperar su nivel.

Evert Maximiliano, su bebé, significó un cambio radical pero… en esta nueva vida, el ciclismo sigue siendo protagonista solo que ahora ya no es su única prioridad.

“La realidad es que mi embarazo fue una sorpresa. En ese momento no estaba en mis planes pero sucedió y estoy más que feliz de ser mamá. Es lo mejor que le puede pasar a una persona” opina Erika.

Cuando supe que estaba embarazada, decidí tomar una pausa platicó la novel mamá. “Soy deportista de alto rendimiento desde hace 15 años. No siempre he estado en el ciclismo, de niña nadaba. Entonces para mí el embarazo fue un descanso físico y mental. Pero siempre tuve claro que quería seguir en el ciclismo”.

Y sí, nos contaba esto recién llegando de un entrenamiento de tres horas en su natal Durango.

“Solo que ahora llego a cuidar a mi hijo. Antes regresaba a descansar, a recuperarme”.

¿Quiénes son tus apoyos en este nuevo reto?, preguntamos.

“Sin duda mi esposo y mi mamá pero además mi equipo”, respondió. “Cuando me embaracé yo tenía cierto temor de si el equipo me esperaría y así fue. Siddhartha Camil (team manager) y las chicas me han apoyado”.

Erika va regresando a la actividad competitiva. Lo hizo en el Tour de Gila. “Estuve un año alejada del ciclismo y con dos meses y medio de preparación volví al ciclismo. Iba muy nerviosa porque no había corrido en un año pero al mismo tiempo iba emocionada de volver y quería ver a mis compañeras.

“Ahora quiero recuperar mi nivel porque nunca dudé que iba a regresar” aseguró.

Por otro lado, platicamos también con Idalia Reséndez, ella no es ciclista pero… es mamá de dos y de nivel profesional, y del pequeño Mateo quien escogió la gimnasia.

Idalia es la orgullosa madre de Eugenio y Emiliano Mirafuentes, los cuates de Nuevo León; ah  porque a Idalia este par le llegó el mismo día.

“Ahora ya pasó lo más complicado. Ellos ahora tienen 19 años y ya se mueven solos. Antes  había que estar atenta a la escuela, a su ropa, a su alimentación. Llevarlos de un lado a otro. Vigilar que durmieran a sus horas. Íbamos de la casa, a la escuela, a entrenar y los fines de semana era de competencias y salidas”, recuerda.

Emiliano y Eugenio ahora corren profesionalmente con un equipo canadiense, han sido seleccionados nacionales en varias ocasiones y entre sus triunfos cuentan varios en pisa y ruta.

“Yo estoy orgullosa de ellos. Es satisfactorio verlos realizarse”, dice y confiesa que siente un poco de miedo cuando ellos compiten “sobre todo en la pista. Ellos practicaron varios deportes antes pero debo de reconocer que el ciclismo es especial y riesgoso. El casco es su mayor protección. Yo les pido que se cuiden y que estén muy alerta y trato de estar tranquila para no transmitirles mis nervios.

“Me siento muy contenta de ver realizados a mis hijos”, dice la orgullosa mamá.

“Creo que el deporte o alguna actividad cultural es como un salvavidas para estas generaciones. Ayuda a mantener alejados a niños y jóvenes de conductas riesgosas. El deporte, además, los aleja del sedentarismo y les inculca valores como la responsabilidad, compañerismo, trabajo en equipo, respeto, puntualidad. Es un modo de vida que nos ayuda a formar mejores seres humanos”.

Sirvan estos dos ejemplos como testimonios del amor más profundo y sincero, el de una madre, como pretexto para reconocerlas y recordarlas en este su día. Feliz Día de las Madres a ellas y a todas las que nos leen

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